* Sus protectores lo habrían traicionado.
www.elvigilanteveracruzano.com.mx
Cd. de México. 02-Feb.-26.- La “salida” de Adán Augusto López Hernández de la Junta de Coordinación Política del Senado marcó un punto de inflexión en el equilibrio de poder dentro de Morena y en la relación del nuevo gobierno con Estados Unidos, en un contexto de mayor escrutinio internacional sobre la seguridad en México.
Aunque el oficialismo presentó el relevo como parte de una reorganización interna, analistas y fuentes políticas coinciden en que la decisión responde a un ajuste mayor, impulsado por la presión de Washington para reforzar la cooperación en el combate al narcotráfico y al lavado de dinero.
Durante el sexenio anterior, López Hernández fue uno de los principales operadores políticos del gobierno federal. Como secretario de Gobernación y posteriormente como líder de la mayoría en el Senado, concentró funciones clave de negociación y control legislativo, lo que le otorgó una influencia determinante en la gobernabilidad.
Este periodo coincidió con un deterioro de los indicadores de seguridad y con el incremento del tráfico de fentanilo hacia Estados Unidos, país que ha documentado más de 110 mil muertes anuales por sobredosis y que ha intensificado investigaciones relacionadas con redes criminales transnacionales con operaciones en México.
Sin emitir pronunciamientos públicos, Washington ha reforzado los mecanismos de cooperación y seguimiento, mientras el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta el reto de sostener la estabilidad política interna y, al mismo tiempo, responder a las exigencias de seguridad del principal socio comercial del país.
La salida de López Hernández es vista como el primer ajuste político de alto nivel de la nueva administración y como una señal de que el margen de protección política se ha reducido. Paralelamente, fuentes de análisis señalan que existen líneas de investigación abiertas sobre actores políticos de distintos niveles, sin que hasta ahora se hayan formalizado acusaciones.
El relevo en el Senado no sólo modifica la correlación de fuerzas en el Congreso, sino que anticipa una etapa de mayor cautela y reacomodo dentro del bloque gobernante, en un escenario donde la agenda de seguridad se ha convertido en un factor central de la relación bilateral.